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La representación de las mujeres y la lucha por la paridad, aproximación histórica

Por Montserrat Boix

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Suele provocar intensos debates la conveniencia o no de cuotas en torno al 40 % de mujeres y sin embargo existe una ausencia absoluta de debate respecto a la cuota entre el 75 y el 100 % de hombres que suele haber en todas las organizaciones: partidos, Iglesia, Ejercito, Consejos de Universidad, de Ministros, Municipales, de Administración, Sindicatos, Medios de Comunicación... y que decir de la escasa presencia de mujeres en cualquier ámbito... en torno al 20 % o menos en la literatura, la investigación científica, el profesorado universitario, en el empresariado, el periodismo, en la dirección financiera. Los hombres hacen número en cantidad y ocupan espacios de poder, en calidad añade Elena Simón del Feminario de Alicante. [1]


En los años 50 se pensaba que el tiempo ajustaría las tasas de participación de las mujeres en la política pero a mediados de los años 70, la tasa promedio de escaños ocupados por mujeres en la UE (incluyendo Austria, Finlandia y Suecia) no superaba el 9%. Diez años más tarde, en 1989, el porcentaje promedio de la UE sólo había aumentado en tres puntos, alcanzando el 11,8%. Resultaba evidente que el tiempo no resolvería el déficit de la falta de mujeres en los parlamentos y en el espacio público y que era necesario establecer mecanismos de compensación. Las voces que evidenciaban la falta de representación de las mujeres en el espacio público no sólo no pudieron acallarse sino que fueron aumentando su eco. El 3 de noviembre de 1992 se adoptó en la primera Cumbre Europea "Mujeres en el Poder" la Declaración de Atenas  [2] en la que se denunciaba el déficit democrático y se proclama la necesidad de conseguir un reparto equilibrado de los poderes públicos y políticos entre hombres y mujeres. Este documento es el punto de referencia inicial en la lucha por la paridad tanto desde las instituciones de la Europa Comunitaria como en los países que la conforman.

Las cuotas como punto de partidad

Las cuotas [3] -inicialmente aplicadas en los países nórdicos- fueron el primer paso hasta llegar a finales de los 80, y sobre todo a partir de mediados de los 90, al concepto de paridad, un equilibrio en la representación de 50% de hombres y 50 % de mujeres o al menos que uno y otro sexo no supere el 60 % en la representación ni ésta sea inferior al 40 %. [4].

"Para romper el círculo vicioso se puede recurrir a los mecanismos de discriminación positiva o cuota política por sexo, es decir, a la reserva obligatoria de puestos políticos para mujeres, que es lo que ha permitido que en Noruega, mediante la presión social y a partir de una ley de 1983, las mujeres tengan una representación del 33,8% en el Parlamento. Tras eso han venido una mujer primera ministra y además ocho carteras ministeriales para mujeres. Las medidas de discriminación positiva forman parte de una estrategia global que ha sido recomendada por la conferencia ministerial europea sobre la igualdad que se celebró en Estrasburgo en marzo de 1986. Quizá con eso no baste pero no sería un mal comienzo" planteaba Carmen Martínez Ten, Directora del Instituto de la Mujer en el gobierno socialista español de 1988 a 1991.

A principios de los 90 se difundieron las primeras estadísticas sobre la representación de las mujeres en la política que hasta entonces no existían. Fueron una buena heramienta para la visibilización del problema de la ausencia de mujeres en el espacio público . En el 95 el promedio de representación femenina parlamentaria era del 16% para la UE de los Doce y de 19,3% para la Europa de los Quince. En esa época los países nórdicos y los Países Bajos se situaban por encima de la media europea: en 1995, Suecia alcanzaba el 41,1%, seguido por Finlandia (35,5%), los Países Bajos (33,3%) y Dinamarca (32,9%). También Alemania y Austria superaban el promedio con 26,3 y 23,5%, respectivamente. Las tasas más bajas, por debajo del promedio eran las del Reino Unido (9,5%), Portugal (8,2%), Grecia (6,3%) y Francia (5,8%). Bélgica es el único país de la Unión Europea con cuotas aprobadas por legislación nacional en 1994 (33,3%). Nueve países, por otro lado, emplean cuotas a nivel de partidos políticos: Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Francia, Grecia, Irlanda y Suecia.

El proceso en España

No fué facil para las mujeres españolas su incorporación al espacio público. Las primeras que participaron en la vida política ocuparon 13 de los 385 escaños de las Cortes Generales en 1923 durante la Dictadura de Primo de Rivera. Fueron designadas a título personal porque en ese momento las mujeres españolas no habían accedido al derecho al voto. También la II República permitió la participación de las mujeres y se eligió a tres diputadas en las Cortes Constituyentes del 31 pero el cambio definitivo, al menos desde la legalidad, se produjo en 1933 con la aprobación de la Constitución que garantizaba el sufragio universal, algo que no resultó nada fácil ya que se consideraba que las mujeres estaban bajo la influencia de la Iglesia Católica y la izquierda -con excepción de un grupo de socialistas y algunos republicanos- temía que su voto fuera conservador.

Desde la justícia histórica en la memoria de las mujeres españolas debe permanecer el nombre de Clara Campoamor, diputada del Partido Radical que desde la Comisión Constitucional defendió con uñas y dientes los derechos de las mujeres. Con el altruismo, idealismo y humanismo que caracteriza a las acuarianas [5] peleó eficazmente para establecer la no discriminación por razón de sexo, la igualdad legal de los hijos habidos fuera y dentro del matrimonio, el divorcio y el sufragio universal sin amedrentarse ni por las fuertes presiones que recibió incluso de su partido ni ante la perspectiva de que mantener su posición significara, como así fue, el final de su carrera política [6]. En el libro “Mi pecado mortal, el voto feminino y yo” [7] publicado en 1935 recogió no sólo su argumentario sino la narración del momento histórico que sin duda ha marcado nuestras vidas.

Pero sigamos adelante en el recuento de cifras imprescindible para tener conciencia real de este proceso. En las Cortes franquistas constituidas en 1943 sólo dos mujeres -de la Sección Femenina- fueron nombradas diputadas. En 1968 empiezan a ser elegidas algunas alcadesas y en 1975 fueron nombradas trece diputadas. Tanto durante la guerra civil como posteriormente en la etapa de la dictura franquista las mujeres -de la derecha y de la izquierda- son tremendamente activas en el espacio público, de hecho, por ejemplo, fué el movimiento feminista quien dos semanas después de la muerte de Franco organizó el primer mítin político de la Transición, reuniendo en Madrid a más de 500 mujeres para oponerse a las posiciones del gobierno español en relación al Año Internacional de la Mujer convocado por Naciones Unidas. Los espacios de decisión política, sin embargo, continuaban vedados para nosotras.

En 1977 se legalizan los partidos políticos y se celebran elecciones generales. Entre las más de 5000 candidaturas se encuentran 753 mujeres luchando por los 350 escaños del Congreso de Diputados sin embargo los resultados no acompañan a la realidad social. En las elecciones al Congreso de Diputados de 1979 la presencia femenina no es superior a un 6 %, cifras similares a las convocatorias electorales posteriores desde el 82 al 89 en el que la preencia femenina oscila entre el 2,4 % y el 5,6 % [8].

Las mujeres del Partido Socialista de Cataluña logran incorporar el primer compromiso de coutas en un partido español en 1982. Se empieza por un 12 % y seguirá el 15%, el 20 y el 25 % siguiendo la dinámica de las socialistas francesas. En 1988 el PSOE aprueba en su congreso la cuota del 25 %. Nueve años más tarde, en 1996 el PSOE adopta una cuota de representación paritaria, entre un 40 y un 60 % para hombres y mujeres, en los órganos del partido y en las listas electorales. Tras las elecciones de este mismo año en las que el Partido Popular asume el gobierno, las mujeres obtienen el 25 % de representación en el Congreso de Diputados y el 13 % en el Senado.

Aunque el PP nunca ha reconocido estar a favor formalmente del sistema de cuotas, la presencia de un mayor número de mujeres en las listas de otros partidos y la apuesta del PSOE por la paridad ha forzado la dinámica y ha logrado que en general se produzca un aumento de representación femenina en el poder legislativo. Quedará por otro lado en la historia el hecho de que haya sido el Partido Popular quien en febrero de 1999 nombrara a la primera mujer Presidenta del Senado -Esperanza Aguirre- y en abril del 2000 a la primera Presidenta del Congreso de Diputados -Luisa Fernanda Rudi

El 6 de junio del 2000, fecha de la promulgación de la llamada “Ley Francesa sobre la paridad” marca un antes y un después en este tema. Los datos sobre la presencia de mujeres en el legislativo del país vecino hablan por si solas.... 5,9% sobre un total de 577 escaños en 1993 y 10,9 % de mujeres en junio de 1997. Siguiendo el modelo, a mediados del 2002 en España, desde las autonomías con gobierno socialista de Castilla-La Mancha y Baleares se intenta también la regulación de la paridad por Ley obligando a que los partidos concurran a las elecciones autonómicas con listas paritarias pero la propuesta queda frenada con la interposición de sendos recursos al Tribunal Constitucional presentados por el Gobierno de José María Aznar.

Tras las elecciones autonómicas en Cataluña a finales del año 2003, una de las armas arrojadizas utilizadas con mayor frecuencia contra el pacto de gobierno tripartito de Catalunya [9] era la falta de paridad. Por primera vez en España la ausencia de mujeres en el espacio político se valoraba como suficientemente importante como para intentar desprestigiar con ello al nuevo gobierno presidido por Pascual Maragall y lograr “titulares” en los medios de comunicación a pesar de que quien utilizaba el argumento, -principalmente Convergencia Democràtica de Catalunya partido en el gobierno durante más de 20 años- había presentado en sus listas sólo un 24 % de mujeres [10]. El PSC en su campaña había dado importante protagonismo a las listas paritarias de su partido frente a la falta de mujeres en las listas de los competidores [11] una línea que meses más tarde también asumió José Luís Rodriguez Zapatero al frente del PSOE en las elecciones generales de marzo del 2004 y que ha dado paso al primer gobierno paritario en la historia del Estado Español.

Tratar de manera desigual lo que en el punto de partida tiene una situación desigual sería la base del concepto de Discriminación positiva que nace en Estados Unidos en la década de los 60 y parte del derecho anitidiscriminatorio que surge como reacción a las protestas protagonizadas por la población afroamericana y por otras minorías y movimientos de contestación social. [12] Las políticas de discriminación positiva se plantean no sólo por cuestiones de sexo sino también para compensar las desigualdades por motivos de raza, edad, opción sexual o discapacidades. El Informe sobre Desarrollo Humano 2004 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sostiene que las políticas de discriminación positiva son necesarias cuando se trata de desventajas colectivas [13].

La Ley de Cuotas es una media que cabe dentro del concepto de Discriminación Positiva y a través de ella se plantea el objetivo de generar una base igualitaria entre hombres y mujeres en el acceso a los cargos de poder en distintos ámbitos. En una Ley de Cuotas se establecen cuotas máximas (o mínimas) de participación por sexo en candidaturas y porcentajes de cargos electos en comicios municipales y parlamentarios.

En América Latina doce países tienen una Ley de Cuotas en sus legislaciones que varía desde el 25 % al 40 %. La primera Ley de Cuotas se promulgó en Argentina en 1991. Los partidos socialistas en los diferentes países han abierto la brecha para el establecimiento de las cuotas en la participación de las mujeres [14].

Existen varios tipos de cuotas: las que se establecen desde la Constitución, las que se establecen en leyes (en América Latina las cuotas estan establecidas en leyes electorales) y las que establecen los propios partidos. También pueden ser obligatorias o bien indicativas [15]

Además de la cuota (la presencia de mujeres en las listas) es importante que estas mujeres esten situadas en puestos con posibilidades reales de ser elegidas ya que son frecuentes los casos en los que se las coloca al final de las listas para engrosar el porcentaje. El mecanismo más eficaz para contrarestar esta práctica es el establecimiento del sistema cremallera con la alternancia de mujeres y hombres en las listas.

Democracia paritaria para el 2005 fué uno de los propósitos establecidos en la Cumbre mundial de la mujer de Beijing celebrada en 1995. El objetivo establecido fué que en esa fecha se alcanzara el acceso efectivo de la mujer a los niveles de toma de decisiones políticas en un 50 %.

Democracia paritaria... ¿Los varones son insustuibles y las mujeres intercambiables?

Pero el problema ¿es solo de cifras?... evidentemente, no. Según ha ido aumentando las cuotas de representación femenina ha ido disminuyendo el tiempo que las mujeres permanecen en sus cargos. El estudio sobre “Paridad y consolidación del poder de las mujeres” realizado por Alicia Miyares [16] demuestra además que el 60 % de las diputadas sólo permanecen una legislatura y de hecho sólo tres mujeres -Ana Balletbó (PSOE), Carmen del Campo Casasús (PSOE) Celia Villalobos (PP)- han permanecido seis legislaturas en el Congreso de Diputados. Esta rotación hace que las mujeres no tengan poder real.

Hacer la renovación por la vía de las mujeres. Ese es el truco. Los responsables de los partidos políticos buscan mujeres muy profesionales a las que alquilan durante una legislatura y luego les dicen adiós. La mayoría de los independientes son mujeres. Cuando las cambian no tienen ningún lío en el partido porque ellas no cuentan con quien las defienda. Y además ellas quedan bien porque han renovado las listas. Perfecto”. Dice Ana Balletbó [17].

Las mujeres no estamos en los círculos de confianza donde se ejerce el poder y el motivo es básico: ellos se conocen desde hace más de muchos años... tienen un nivel de confianza que está por encima del cargo que ocupa cada uno de manera coyuntural... hace 20 las mujeres no estábamos allí y jugamos en desventaja señala Lourdes Muñoz, diputada del PSC en el Congreso con amplia experiencia en la militancia política pese a su juventud. Entre sus empeños ha estado el que en su partido se establezca una “secretaría de las mujeres” que ella coordina en vez de una “secretaría de igualdad”.

La paridad no es solo cuantitativa, hay que avanzar en la mirada de las mujeres a la definición y la aplicación de las políticas apunta Muñoz. El fin de la paridad es un cambio de actitudes y valores respecto a la distribución social de los sexos. Si al final la paridad va a consistir en que seguimos perpetuando los estereotipos, la hemos vaciado de contenido plantea Miyares.

Durante años la lucha de una buena parte del movimiento feminista ha sido por el derecho a estar presente, porque las mujeres tengan el mismo derecho a equivocarse que los hombres, también el mismo derecho a la incompetencia y a la competencia que ellos.

Pero pensar sólo en cifras, advierte la filósofa Victoria Sendón implica el peligro de que se instaure “la política del haren”. “Cada jeque se rodea de sus chicas y elije a las menos molestas, a las más sumisas, a las que no le van a robar protagonismo, o como mucho, a las que le daran más votos. Si la paridad no se ejercita desde las propias mujeres que elijen a sus representantes y las imponen a los partidos, la cosa no tiene sentido” [18]

Por otro lado tampoco las cifras pueden llevarnos a engaño: en España, de momento, sólo se ha alcanzado la paridad en el poder legislativo, el Consejo de Ministros de José Luís Rodríguez Zapatero ha quedado conformado paritariamente con el 50% de mujeres y 50 % de hombres pero los segundos niveles de gobierno la presencia de las mujeres ha quedado reducida a un 24 % [19] ... queda pendiente el ejecutivo y qué decir del poder judicial y de las instituciones económicas. En estos momentos en la mayoría de reuniones donde se deciden “cosas importantes” hay alguna mujer pero ¿podemos considerar que estamos en condiciones de igualdad para plantear y llevar adelante con posibilidades de éxito nuestros puntos de vista?

De hecho, si observamos atentamente, los sectores de ejecución de políticas adjudicados a las mujeres tienen que ver habitualmente con los departamentos de la mujer, las políticas de igualdad y los servicios sociales, prolongando el rol históricamente encomendado al sexo femenino de “mujeres cuidadoras”. ¿No va siendo hora ya de reivindicar, por cierto, que las políticas de las mujeres se descuelguen de los ministerios y departamentos de “asuntos sociales” para tener entidad propia?

Que duda cabe que el final del siglo XX y los comienzos del XXI han sido importantes y positivos para las mujeres. Desde la perspectiva planetaria se ha logrado la visibilización de los problemas más acuciantes y aunque las sociedades se resistan, a nadie se le escapa que la presencia de las mujeres en el espacio público es imposible de frenar. Dicho esto, debemos reconocer también que incluso en las condiciones más propicias para las mujeres, son los hombres quienes continúan decidiendo cuales son las mujeres que están y en que puestos de responsabilidad... nos dan cargos para trabajar pero siguen controlando de manera absoluta el poder de decisión.

Organizarse para continuar avanzando

Es todavía muy frecuente escuchar en boca de mujeres que han logrado situarse en una posición profesional destacada, el haberlo alcanzado “por su esfuerzo personal y por su valía personal, no por ser mujeres”. Olvidan así alegremente la historia: nuestro derecho a ocupar puestos de responsabilidad, a tener estudios y poder ejercer libremente una profesión o simplemente a tener derecho al voto se ha logrado gracias a la lucha del movimiento feminista. Para que a nivel individual podamos actuar en libertad es necesario el reconocimiento de los derechos colectivos, de los derechos de todas las mujeres, y no nos engañemos... ¡queda mucho trecho por recorrer!

¿Y cómo seguir avanzando? Sin duda cada una de nosotras y nosotros podemos aportar nuestro grano de arena. Es cierto que muchas veces resulta difícil encontrar incluso el apoyo de otras mujeres -por cierto que solemos caer en el error de pensar que una mujer que ha recibido una formación familiar, escolar y laboral tradicional bajo el dictado patriarcal será más sensible a esta causa sin haber pasado por un proceso de reflexión sobre las estructuras de poder que regulan las relaciones entre los dos sexos- sin embargo, muchas mujeres comprometidas y con coraje -y afortunadamente también algunos hombres- comparten el compromiso de la lucha contra la discriminación y a favor de la igualdad de oportunidades.

La clave está en fortalecer el pensamiento y la acción feminista. Avanzar en la lucha por estar presentes, sin olvidar la reflexión sobre la necesidad de modificar los estereotipos. La necesidad de crear un espacio político feminista está directamente vinculado con el desarrollo de la democracia ya que si las mujeres no se apropian de la mitad de los recursos políticos, las sociedades occidentales -recuerda Rosa Cobo- no seran plenamente democráticas [20].

Por otro lado, no podemos olvidar que para que las mujeres tengan posibilidades de participar en ese espacio público será imprescindible un reparto más equitativo entre el hombre y la mujer de las tareas y responsabilidades en el espacio privado.

Pactos entre mujeres

Históricamente se ha utilizado la palabra Sororidad referida al concepto de hermanamiento de las mujeres en la conciencia y el rechazo del papel que les ha tocado jugar en el guión patriarcal contrapuesta a “fraternidad” ámbito masculino por definición -señala la filósofa Luisa Posada- en el que se fraguan los pactos que sirven para perpetuar la desigualdad genérica [21]. La sororidad como suceso histórico ha debido ser tan antigua en su existencia como la fraternidad si bien no se retoma políticamente hasta la segunda ola del feminismo en los años 60 cuando impera la idea de que la opresión común sufrida por todas las mujeres está más allá de clase, raza, religión o cultura. (Vease Capitulo I) La conciencia común que han ido tejiendo las mujeres sobre la necesidad de “hermanarse” con otras mujeres confiere al término “sororidad” ese eco positivo, también históricamente detectable, de irse poniendo al lado de “la otra” (y no del “otro” del “hermano”) para cuestionar y modificar su puesto de relegación diseñado por el dominio patriarcal apunta Posada en su estudio teórico sobre el “pacto entre mujeres”.

Un repaso desde el siglo XIX tras la Convención de Séneca Falls en 1843 cuando se inició la lucha pública a favor del voto femenino hasta la actualidad permite comprobar como en numerosas ocasiones han surgido formas de pacto político entre mujeres para frenar la desigualdad de las mujeres. Han pactado las mujeres de diferentes grupos feministas, de diferentes clases sociales, de diferentes posiciones ideológicas. Los pactos entre mujeres han permitido la organización de actos y manifestaciones puntuales pero también importantes alianzas políticas en los que la relación política/poder por un lado y mujeres por otro se logra invertir a favor de los intereses de estas últimas.

A mediados de los años setenta, en Noruega, en la elección de los llamados “Consejos de Comunidad” -estructuras mínimas de poder- que permitía legalmente tachar nombres de los partidos que las representaban y añadir otros nuevos, las mujeres feministas de diversos partidos decidieron pactar para forzar su entrada en dichos consejos. “De modo que las mujeres del Partido Laborista, las del Partido Socialista, las del Partido Liberal e, incluso, las del Christian’s People Party utilizaron la estrategia de tachar nombres de candidatos masculinos en sus papeletas e incluir los de aquellas mujeres que aperecína en las listas, aun cuando fueran de otro partido. Con este pacto entre mujeres, las noruegas obtuvieron en la primera mitad de los años setenta una amplia mayoría en tres Consejos de Comunidad y entre ellos, nada menos que en el de la capital, Oslo. (Posada ) En 1975 las disposiciones de la ley electoral fueron alteradas para atajar la intrusión femenina pero un año después, los partidos se vieron obligados a presentar a mujeres como cabezas de listas electorales ante el riesgo de la pérdida de votos.

Otro ejemplo importante del pacto entre mujeres de diferentes ideologías se produce en Francia en torno a la Ley de Paridad aprobada en el 2000, un país que a las puertas del siglo XXI contaba con un Parlamento compuesto por el 90 % de hombres, un grave déficit de representación femenina que llegó incluso a ser denominada “la excepción francesa” [22].

En la actualidad numerosos colectivos feministas y grupos de mujeres que trabajan en diferentes frentes (la lucha contra la violencia de género y la pobreza, el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos, la educación no sexista, el ecofeminismo, el antimilitarismo) son capaces de establecer estrategias conjuntas y pactos para hacer avanzar sus reivindicaciones y para impregnar la mirada feminista en los nuevos movimientos sociales.

No podemos olvidar por otro lado la perspectiva de los pactos inter-géneros. Es un dato irrefutable que las mujeres hemos alcanzado iguales niveles de formación que los hombres, que participamos en la producción de bienes y servicios, que la intervención individual de las mujeres en el ámbito público es equiparable a la de los hombres y no obstante lo anterior “oscuros mecanismos” impiden la igual participación en la representación. Para erradicar los "oscuros mecanismos" - defiende la jurista María Duran- hay que revisar los instrumentos jurídicos electorales, los mitos culturales, los hábitos dentro de la política, y establecer redes informales de intereses comunes que modifiquen las pautas culturales interiorizadas que todavía hoy adjudican un rol público diferente a las mujeres y a los hombres. La fuerza emergente del movimiento feminista propicia un nuevo pacto inter-géneros, el cual tiene como presupuesto, que los intereses de los hombres y las mujeres no son antagónicos siempre que, se de preeminencia al interés por la vida frente a las relaciones de poder.  [23]

Notas

[1] Mujeres y Poderes. Elena Simón. Feminario de Alicante

[2] Texto de la Declaración de Atenas.

[3] Tanto en la UE como en Latinoamérica, el sistema de cuotas es una estrategia cada vez más frecuente para reducir la subrepresentación femenina en la política. Existen dos tipos de cuotas:: las establecidas por legislación nacional que garantizan un determinado porcentaje de escaños sea ocupado por mujeres y las adoptadas por los partidos políticos para asegurar que una proporción de las listas electorales se reparta entre mujeres.

[4] La lucha por la paridad. Entrevista a Françoise Gaspard. http://www.diplomatie.gouv.fr/label_france/ESPANOL/SOCIETE/gaspard/gaspard.html

[5] La Campoamor nació bajo el signo astrológico de Acuario el 12 de febrero de 1888.

[6] “La consiguió con el apoyo de la minoría derechista, la mayoría del PSOE y algunos republicanos. Victoria Kent y los radicales trataron de ganar lo perdido mediante una enmienda constitucional, pero Clara la desbarató. Cuando la derecha abandonó el Parlamento por la Ley de Congregaciones se hizo el último intento para impedir el voto femenino, pero la Campoamor no sólo se impuso en el debate sino que, contra pronóstico y por sólo cuatro votos, lo ganó. Apoyándose en el PSOE y en algunos republicanos de derecha, derrotó a los socialistas de Prieto y a los republicanos de su propio partido, el Radical, el Radical Socialista y el de Azaña. Prieto salió del hemiciclo diciendo que aquello era «una puñalada trapera a la República». Hubo un gran escándalo. Y cuando en el 33 la CEDA ganó las elecciones y Lerroux formó gobierno, sin ellos y con ellos, toda la izquierda le echó la culpa de su derrota a Clara Campoamor. Fue su muerte política.” Federico Jimenez Losantos.http://www.arrakis.es/ corcus/losantos/losnuestros/campoamor.htm

[7] La última reedición del libro ha sido realizada en el año 2001 por el Instituto Andaluz de la Mujer .

[8] Datos extraidos de “El largo camino hacia la participación política” de Ana Isabel Jimez. Revista de Información de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. http://www.jccm.es/revista/144/articulos144/especial1_mayo.html

[9] Partit Socialista de Catalunya, Esquerra Republica, Iniciativa per Catalunya-Verds

[10] “ Convergencia y Esquerra Republicana no cumplen con la paridad” http://www.democraciaparitaria.com/breve.php3?id_breve=26

[11] En marzo del 2002 el PSC había asumido la paridad

[12] MacCrudden Cristopher. Introduction a Anti-Discrimination Law. Dartmouth. Aldershot 1991/ Igualdad y Discriminación Positiva: un esbozo de análisis teórico-conceptual. Mª Angeles Barrere Unzueta. Universidad del País Vasco/EHU http://www.uv.es/CEFD/9/barrere1.pdf

[13] Según el informe, el aumento registrado en Estados Unidos del porcentaje de abogados, jueces, médicos, ingenieros y profesores universitarios afroamericanos se puede atribuir directamente a las medidas de discriminación positiva aplicadas en ese país. Sin embargo, el dilema actual es si los descendientes de esta nueva elite deben seguir gozando de tales beneficios.

[14] Para consultar la lista de los partidos miembros de la Internacional Socialista que tienen establecidas cuotas ver: http://www.socintwomen.org.uk/QUOTA/CUOTASp1.html

[15] El sistema de cuotas en América Latina. Por Jacqueline Peschard. Democracia Paritaria.com http://www.idea.int/publications/wip/.../chapter_04a-CS-LatinAmerica.pdf

[16] “La paridad no era esto”. Nuria Varela. Interviu. 7 de junio 2004

[17] “La paridad no era esto”. Nuria Varela. Interviu. 7 de junio 2004

[18] Marcar las diferencias. Pag.35

[19] “La paridad no era esto”. Nuria Varela. Interviu. 7 de junio 2004

[20] Multiculturalismo, democracia paritaria y participación política. Por Rosa Cobo. Universidad de la Coruña 1999

[21] Luisa Posada. Pactos entre Mujeres

[22] Francia- La paridad: hombres y mujeres en la política. Janine Mossuz-Lavau. Directora de investigación en el CEVIPOF. Centro de estudios de la vida

[23] Democracia paritaria. Representación representativa. María Duran. Asociación de Mujeres Juristas Themis. http://www.mujeresjuristasthemis.org/documentos/generoyderecho2.htm



2005-07


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