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Se nota la política de las mujeres

Por Ana Mañeru Méndez

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Madrid, marzo de 2004


La tarde del 11 de marzo de 2004, en medio de la desolación producida por los atentados que acababan de tener lugar en Madrid, nos reunimos varias poetas en el espacio Compartir Poesía de Entredós1 para convocar la belleza a pesar del dolor y, sobrecogidas pero resueltas, lo conseguimos. Algunas, tocadas por el activismo, nos dijeron después que haciendo “solo” poesía nos quedábamos fuera del mundo, de lo que estaba pasando; pero no cedimos en nuestro empeño de buscar palabras que hagan simbólico, que digan lo que es en la mediación de la gracia y no en la de la fuerza, como solemos hacer las mujeres incluso en las circunstancias más difíciles. Yo leí este poema:

Toca a muerto la lluvia en el patio.

(Escribiré un poema.)

Se teje un manto oscuro de horizontes.

(Escribiré un poema.)

Se me atribula el alma rota en cuerpo.

Escribiré un poema: un poema de luz.

Al día siguiente, hubo una gran manifestación en Madrid contra el terrorismo y, a la misma hora, algunas teníamos previsto reunirnos en la Escuela Libre de Entredós, donde también nos encontramos para buscar las palabras que ordenan nuestras vidas, es decir, las que ordenan el mundo. Muchas de nosotras decidimos asistir a la reunión: una trajo textos de Simone Weil que nos dieron paz, otra explicó que no iba a buscar soluciones sino consuelo, otras pusieron en palabras una parte de sus propias vidas, para que escucháramos su lectura viva de la realidad, algunas acudieron a la manifestación. Yo sentí un gran respeto por lo que hacíamos cada una Tres días después, en medio del dolor y la tensión por los atentados, de la indignación ante la manipulación informativa que había llevado a cabo el Partido Popular y de la prepotencia de un gobierno que no quiso escuchar a la gente, el 14 de marzo se celebraron las elecciones generales y las de Andalucía. Los resultados, con una clara mayoría del Partido Socialista en las generales y una confirmación reforzada de su primacía en el Parlamento regional andaluz, desplazaron por sorpresa a los populares del gobierno central e hicieron visible, de nuevo, gestos y palabras que están presentes en esa forma de entender la política en femenino que ya se anunciaba hace un año y que muchas reconocemos como un signo del final del patriarcado; como una muestra de que algunos hombres están escuchando y aprendiendo de las mujeres en los últimos tiempos.

La directora de cine Icíar Bollaín, autora de la magnífica película Te doy mis ojos, acababa de realizar en el contexto preelectoral un cortometraje titulado Por tu propio bien, para participar en el conjunto de cortos Hay motivo promovido por diferentes profesionales del cine que querían mostrar la necesidad de un cambio político. Esta película se proyectó aquellos días en Entredós y, al verla, Milagros Montoya Ramos, que es una de las fundadoras de Entredós, escribió: “...me quedé muda, no entendía nada; se trata de un parto, con la particularidad de que es un hombre quien pare, y termina con un letrero que dice: el parto es nuestro. Me inquietó mucho no entender el mensaje de Icíar, porque me fiaba de ella y pensaba que algo importante quería decirnos, pero no lo captaba. Hasta que después de dos días se me hizo la luz: quiere decir que aunque algunos intenten manipular lo intocable, lo imposible, lo más sagrado, como es el hecho de todos y todas nacemos de mujer, el parto es nuestro. Nuestro es lo que ha sucedido en las votaciones, nuestro es lo que cada día estamos dando a luz. Esta es la realidad....”

Mientras tanto, en internet, circuló un texto escrito por una mujer titulado Pásalo. Esta era la última palabra del mensaje que corrió y se multiplicó por todo Madrid en pocas horas, la tarde anterior a las elecciones, a través de los teléfonos móviles y los correos electrónicos. Un mensaje que llamaba a la gente a salir a la calle y a protestar por la mentira. El texto Pásalo relata de forma muy bella y sentida cómo, en pocas horas se produjo una convocatoria espontánea nacida de la necesidad de la gente de exigir la verdad que reunió a millares de personas. Eran mujeres y hombres de todas las edades y estilos que se fueron reuniendo sin consignas; primero frente a la sede del Partido Popular, después en Sol, en Atocha, en Lavapies...; “Con los muertos no se juega”, se oía decir una y otra vez, algo que sabemos con tanta certeza las mujeres, porque creamos y sostenemos la vida con tesón, en todos los tiempos, en todas partes, incluso en las situaciones más adversas; desde que damos a luz a las criaturas y las cuidamos hasta que acompañamos a morir a las personas mayores o enfermas. Fue un impulso unánime, sostenido por palabras que brotan del interior, del orden que hemos aprendido de cada madre y del que se apartan con frecuencia más los hombres que las mujeres, un orden amoroso que rechaza la violencia desde lo más intimo: “Hasta aquí hemos llegado, no y no, de ninguna de las maneras”. Un orden que se expresa con nitidez cuando las palabras se corresponden con las cosas, como ocurrió esa tarde.

El día 14 por la noche, el candidato ganador, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, pronuncio pocas pero certeras palabras. Dijo que gobernaría “con respeto y humildad” y que no le iba a cambiar el poder, palabras que ha repetido en casi todas sus declaraciones y en el debate de investidura. Además pidió a las diputadas y diputados de su partido que fueran “los ojos, los oídos y el corazón de la gente”. También cumplió su promesa de paridad en el número de ministras y ministros y confirmó que cumpliría otra promesa fundamental: la retirada de tropas de Irak que con tanta firmeza ha reclamado una inmensa mayoría de la población española.

El 31 de marzo, Mª del Mar Gónzalez, la nueva presidenta del parlamento andaluz, pronunció un discurso en el debate de investidura con palabras insólitas en este tipo de actos: citó primero palabras de la Melibea del siglo XV, que no quería casarse “para huellas de hombre repisar”, porque también ella, en el siglo XXI, tenía la intención de ejercer el poder en el Parlamento, “no para repisar huellas de hombre sino para dejar huellas de mujer...”. Recordó después a María Zambrano, cuando en 1931, en las misiones pedagógicas que se organizaron en la II República, recorría emocionada pueblos y aldeas con un burro y un diccionario, consciente de la importancia de las palabras. Para María “las palabras nos sumergen en el mundo, nos sitúan en el centro del desmenuzamiento de la vida para ofrecer y proponer nombres al destino humano”. Por eso, Mar González, al final de su discurso quiso invocar expresamente una palabra de poca tradición en la política segunda, pero que ella quería que constara en el Diario de Sesiones: la palabra bondad. Después, rogó encarecidamente a las diputadas y diputados la práctica de una norma de conducta política que no se encuentra en el Reglamento: “prohibido dejar de soñar”.

El pasado 2 de abril, la periodista Soledad Gallego Díaz, escribía en el diario El PAIS un artículo titulado Que se note, en el que dice “ No hay nada más tonto que la preocupación de muchas mujeres que ocupan cargos de relevancia política, económica o profesional por que “no se les note” que son mujeres. Ya es hora precisamente de lo contrario”. Efectivamente, negar la diferencia sexual femenina y hacer como si fueras un hombre es un empeño destinado al fracaso, porque desdice el cuerpo. Mires hoy hacia donde mires, ves mujeres -no necesariamente en los partidos pero también en ellos- que estamos haciendo política y que mostramos en todo momento que somos mujeres porque nos encanta serlo. Se nota la política de las mujeres. Para verla solo hay que despojarse de la mirada que se ha quedado vieja: la que nos mide con los hombres, la que nos quiere igualar con lo masculino, la que no es capaz de reconocer la diferencia femenina y el más relacional de las mujeres, en la política y en todas partes ; la que no escucha ni aprende de las mujeres para poner orden y sensatez en el mundo.

Durante los últimos veinte años, con las políticas de igualdad europeas, se ha discutido mucho sobre la paridad; de sus resultados solo podemos referirnos a la práctica, es decir a la experiencia que vamos acumulando, y en ella encontramos que hay de todo, positivo y negativo, seguramente porque el secreto no depende de la igualdad numérica, aunque esta sea útil en muchos casos, sino del deseo de las mujeres que están en la política de partidos de hacer las cosas de otra manera y del deseo de los hombres que comparten con ellas un mismo proyecto político de desplazarse para hacer lugar a la diferencia sexual femenina al lado de la masculina. Lo que acaba de ocurrir en España ha traído para muchos y muchas, entre quienes me encuentro, una confianza renovada en esa forma de la política que es la política de las mujeres. Esta confianza no es fruto de una vaga tentación del bien sino que se funda en la posibilidad de palabras con verdad, las cuales, para ser sostenidas, requieren esfuerzo de relación, compromiso con lo que es distinto de mí, amor y sentido de la libertad. Algo que no es solo utopía. Concretamente, yo he aprendido estas palabras de mi madre y puedo decirlas ahora porque ella, una mujer, nunca las ha dejado morir.

Madrid, 18 de abril de 2004.

* Este artículo originalmente fue escrito en castellano, y después traducido al italiano por Clara Jourdan, para su publicación en la Revista Via Dogana nº 69, de junio de 2004. Posteriormente se publicó en castellano en la Revista DUODA, nº 27, de noviembre de 2004.



2005-06


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