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Turquia: la protesta laica tiene nombre de mujer

Por Juan Carlos Sanz

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Turquía está viviendo su peor crisis en diez años. Después de haber sufrido cuatro intervenciones militares en apenas 50 años, los turcos se echaron a temblar cuando el Ejército, guardián del Estado laico, advirtió al Gobierno de base islamista contra la elección del ministro de Asuntos Exteriores, Abdulá Gül, como presidente de la República.

Pero esta vez, el primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, plantó cara con firmeza al Estado Mayor, cuyo comunicado fue difundido la medianoche del pasado día 27 de abril a través de Internet. El golpe virtual o e-golpe ha agudizado el enfrentamiento entre los sectores laicos que han monopolizado el control de la Turquía moderna desde su fundación -encabezados por el Ejército, la judicatura y los partidos políticos tradicionales-, y unas nuevas capas sociales con valores islámicos -lideradas por el partido de Recep Tayyip Erdogan- que pugnan por un reparto del poder.

El veto del Tribunal Constitucional a Abdulá Gül ha abierto la puerta a la convocatoria de unas elecciones legislativas anticipadas, que se celebrarán el próximo 22 de julio, para salir del atolladero político que hoy vive el país. Mientras la protesta continúa en las calles de las grandes ciudades turcas, con las mujeres a la cabeza para defender un estilo de vida laico, los islamistas consolidan sus posiciones en sus feudos conservadores del interior de Anatolia.


"Estaba viendo una película por televisión el 27 de abril cuando los teléfonos empezaron a sonar. Una banda de información anunciaba en la pantalla que el Ejército había emitido un comunicado de advertencia al Gobierno... No pude pegar ojo en toda la noche, pendiente del televisor, de los mensajes en el móvil, de Internet. Pensé en hacer planes para marcharme del país". La abogada Selma Acuner, de 51 años, recuerda con temor las pasadas intervenciones militares de 1960, 1971 y 1997, pero ante todo tiene grabado el horror del golpe militar de 1980. "Entonces todo era silencio, ahora hemos podido hablar".

"Nadie quiere que el Ejército interfiera en la vida civil, es una institución con prestigio entre los turcos que debe permanecer en sus cuarteles, pero tampoco queremos ver cómo desaparece el Estado laico, que es uno de los pilares de la Turquía actual", Acuner resume así el sentimiento de los cientos de miles de turcas laicas que gritaron hace una semana en las calles de Estambul: "¡Ni sharia ni golpe!".

La elección de un nuevo presidente -que tendrá hoy previsiblemente su último capítulo en el Parlamento con el esperado desistimiento de Abdulá Gül por falta de apoyo suficiente- está en el origen de la crisis. "Las mujeres que no nos cubrimos con el velo no nos podemos sentir ahora tranquilas ante la perspectiva de ver un pañuelo en lo más alto del Estado. La gente no está preparada aún para un cambio tan radical. Tememos perder nuestra forma de vida occidental". Hannyürsa Gül, la esposa candidata a la presidencia del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) lleva el pañuelo islámico, al igual que las mujeres de los principales líderes en el poder.

En las multitudinarias manifestaciones celebradas en Ankara y Estambul los días 14 y 29 de abril en defensa del Estado laico, las mujeres eran mucho más visibles. "Instintivamente la gente decidió participar, había que hacer algo para frenar este proceso de concentración de poder en manos del AKP, y las mujeres son más conscientes de que sus derechos estaban en peligro", asegura Acuner, una de las principales líderes feministas turcas, que dirige una organización para promover la incorporación de las mujeres a los puestos de representación política. "En los 550 escaños del Parlamento turco sólo se sientan 24 diputadas, poco más del 4%", afirma.

La protesta de los laicos sigue extendiéndose, entretanto, por toda Turquía. Decenas de miles de personas se manifestaron ayer en las ciudades de Manissa y Çanakkale, al oeste del país. Otra gran manifestación ha sido convocada en Esmirna, la tercera ciudad del país, en los próximos días. La mayoría de los turcos laicos consideran que el AKP, que obtuvo un 34% de los votos en las legislativas de 2002 pero que controla casi dos tercios de los escaños del Parlamento, está intentado acaparar el poder: el Ejecutivo, el Legislativo y, ahora, la jefatura del Estado, sin pactar con el resto de los partidos. La presidencia ha sido el último baluarte contra el que se han estrellado algunas reformas del Gobierno, como la que fomentaba la educación religiosa en las imam hatip o escuelas de clérigos musulmanes. En esos centros coránicos se formaron en el pasado líderes del AKP, como el propio primer ministro, Recep Tayyip Erdogan.

"No van a poder imponer la sharia, pero se están infiltrando en todos los aparatos del Estado", sostiene Acuner, quien advierte de que el problema central no es el pañuelo, sino el temor creíble a un retroceso, a dar marcha atrás en las conquistas de las mujeres. Por ejemplo, al reformar el Código Penal, Erdogan intentó en 2004 volver a tipificar como delito el adulterio, pero las protestas de las mujeres y las advertencias de la UE le hicieron desistir de su propósito", recuerda la abogada feminista.

Gülseren Onanc, presidenta de la Asociación de Empresarias de Turquía, también cree que las manifestaciones laicas están siendo una "reacción natural" en defensa de una forma de vida más libre. "Es normal que haya habido más mujeres que hombres en las marchas, pero sospecho que el Ejército y los partidos laicos como el CHP [Partido Republicano del Pueblo, socialdemócrata] han podido estar detrás de las convocatorias. Los problemas políticos deben resolverse por la vía democrática y sin la intervención del Ejército", asegura la responsable empresarial. "En cualquier caso", sostiene Onanc, "yo tampoco defiendo como modelo para las mujeres turcas a la esposa de un presidente que, además de llevar el pañuelo, no trabaja ni tiene independencia económica".

"Es cierto que hay claros signos de falta de laicismo en algunos sectores del Gobierno, pero no creo que el AKP pretenda imponer el uso obligatorio del pañuelo a las mujeres, ni que tenga una agenda oculta para islamizar Turquía después de hacerse con el poder. Parece estar más concentrados en combatir la pobreza del país y en impulsar el ingreso de Turquía en la UE, aunque en el partido de Erdogan y Gül hay un sector mucho menos liberal que ellos. Claro que en Europa también se encuentran bastantes políticos conservadores que hablan un lenguaje dominante masculino", ironiza.

"La gran paradoja turca es que son los laicos quienes presentan hoy actitudes más inmovilistas ante los cambios, y no quieren alterar un orden social kemalista que les ha beneficiado", analiza un diplomático europeo radicado en Ankara. "Entre ellos surgen voces nacionalistas que critican a EE UU y a la UE como responsables de los actuales males de Turquía, al tiempo que defienden una economía más controlada por el Estado. Mientras tanto, los hechos hablan por sí solos en el campo de los islamistas moderados del AKP, que han reformado el sistema legal para homologarlo con los europeos, han abierto la puerta de la UE para Turquía y han emprendido una política de privatizaciones y de modernización de la economía".

Los pañuelos son el paisaje de Konya. El partido gobernante en Turquía tiene su feudo en esta ciudad de Anatolia, capital del islamismo conservador

Las mezquitas de Konya están abarrotadas durante el rezo del mediodía del viernes. Los fieles desbordan la capacidad del templo y se reparten por el césped y los bancos de los parques. Mientras, la vida urbana parece adormecida al paso de las bicicletas y el traqueteo del tranvía en esta ciudad de provincias de cerca de un millón de habitantes. A apenas 260 kilómetros al sur de Ankara, el pañuelo es la prenda dominante entre las mujeres de Konya. Un comercio exhibe en su fachada maniquíes cubiertos por el velo con la última moda ligera para el tórrido verano de la meseta del interior de Anatolia. Muy cerca está el mausoleo de Mevlana Jelaleddin Rumi, el filósofo sufí que hizo célebre a Konya por su tolerancia en el siglo XIII. También el patriarca del islamismo turco, el ex primer ministro turco Necmettin Erbakan, le dio notoriedad al convertirla en su feudo político, hasta que los militares intervinieron hace 10 años para expulsarle del poder.

Un comercio exhibe maniquíes cubiertos por el velo con la moda para el verano

El Ayuntamiento de Konya está controlado por el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), la misma formación islamista moderada que gobierna Turquía desde 2002. La mayor parte de sus líderes actuales salieron del Partido de la Felicidad de Erbakan. Ahmet Koyuncu, de 30 años, es gestor del Centro Cultural Mevlana, que comparte un imponente edificio de mármol blanco con la sede de la alcaldía. "Laicismo o no laicismo, ésa no es la cuestión, lo importante para la gente de Turquía es el progreso económico". Educado en una iman hatip o escuela coránica, este sociólogo argumenta con datos: "Con un 10% de la población por debajo del umbral de pobreza y un salario mínimo de unos 60 euros mensuales, lo principal es la solidaridad. Tenemos un proverbio que dice: ’En la casa que se cocina tiene que haber comida’. Hay que redistribuir la renta en un país que crece".

Mientras prepara los actos del Año de Mevlana, que Konya celebra en 2007 bajo el patrocinio de la Unesco, Koyuncu asegura que el AKP sólo admite la vía democrática para la Turquía actual. "Con cuatro millones de militantes, podría movilizar a otras tantas personas en la calle, pero no quiere agravar el conflicto", asegura, frente a las masivas manifestaciones pro laicas en varias ciudades. "Pero acusar de integristas que están contra el Estado laico a las mujeres que llevan el pañuelo, como mi madre, es una vuelta a la Inquisición", insiste. "Hay muchas personas que viven en una permanente teoría de la conspiración. En este Ayuntamiento se gobierna para todos, cuando se organiza una actuación cultural se llama a artistas de todas las tendencias y se invita a todo el mundo".

El tranvía que une el centro histórico de la ciudad, donde se elevan algunas de las más bellas mezquitas, caravasares de Turquía, lleva hasta el campus de las afueras a través de un paisaje arbolado de bloques de pisos. Une dos mundos. En la última parada, un guarda de seguridad que impide el paso a una estudiante con la cabeza cubierta por un pañuelo y redacta un boletín de multa con el carné de identidad de la joven en la mano. Mientras, otro grupo de muchachas se cambia a la carrera tras un cartel que anuncia una fiesta universitaria. Los pañuelos desaparecen en los bolsos y carteras y son rápidamente ocultados o sustituidos por pelucas y gorros

Es la única forma de poder acabar la carrera en Turquía. El primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, ha enviado a sus dos hijas a estudiar a Estados Unidos, donde nadie se preocupa por la indumentaria de las alumnas. Pero la esposa de su número dos -el ministro de Exteriores y candidato a presidente de la República, Abdulá Gül- no ha podido iniciar sus estudios en Ankara, a pesar de que superó el exigente examen de acceso a las universidades públicas.

El ambiente es tenso en la Universidad de Selçuk, fundada en 1975 para contrarrestar el auge del islamismo en Konya. El estudiante Arda Varal, de 22 años, originario de Mugla, en la costa del Egeo, muestra dos mesas vacías bajo el retrato de Atatürk en la cafetería de la Facultad de Ciencias Sociales. "Nadie puede sentarse allí. Son sólo para los lobos grises, los nacionalistas más radicales. Ahí arriba [señala con el dedo hacia el techo] acaban de poner una cámara de televisión. Es para evitar peleas", explica Varal, responsable de la rama juvenil de un partido laico en la Universidad de Selçuk.

Varias alumnas que han superado los controles de seguridad con peluca y faldas hasta los tobillos se muerden las uñas mientras esperan el resultado de un examen de urbanismo. Los lobos grises pasean altaneros a su lado, uniformados con vaqueros y camisas de colores. "A pesar de las tensiones, la Universidad está muy integrada con la ciudad de Konya. Pero el turban sigue prohibido porque se ve como el símbolo de una bandera política", explica el catedrático Abdulá Tekin en su despacho del departamento de Estadística. "Quienes están en contra del Estado laico en Turquía no han logrado introducir ningún cambio en la universidad. Aquí también hay profesores próximos al AKP y no ha ocurrido así", asegura. "Pero muchos tenemos miedo a que el dominio por un solo grupo conservador de todas las instituciones pueda acabar intimidando nuestras libertades".

RAHAMI BASTOKLU Líder del partido socialdemócrata laico CHP en Konya: "Los estudiantes universitarios son nuestra única esperanza de modernidad"

Un relieve de Mustafá Kemal, Atatürk, fundador de la Turquía moderna, emerge de la pared en el despacho de Rahami Bastoklu, el presidente del Partido Republicano del Pueblo (CHP) en Konya. Sombrío, admite que va a ser muy difícil competir con los islamistas en el poder del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) en los comicios anticipados del 22 del julio. "En las últimas elecciones lograron 14 de los 16 escaños de la provincia; los dos restantes fueron nuestros", explica el socialdemócrata Bastoklu, de 53 años, antes de entrar en campaña: "Pero no han hecho nada por los intereses de Konya".

"Miles de personas nos desplazamos a Ankara el mes pasado para manifestarnos en defensa del Estado laico; esto no es un coto cerrado del AKP", asegura el principal líder laico de la capital del islamismo turco. "Konya es muy conservadora, y el Ayuntamiento siempre ha estado en manos de la derecha religiosa. Es cierto que aquí no se ha impuesto la sharia, pero la presión de los islamistas es cada vez más fuerte". Bastoklu asegura que apenas se puede beber alcohol en la ciudad fuera de los hoteles y restaurantes para los turistas. "No dicen nada, no prohíben nada, pero cada vez se ven más mujeres con el velo. El AKP obtiene su fuerza de las más de ochenta sectas y cofradías islámicas que controla en Konya", argumenta el dirigente socialdemócrata.

"Decenas de miles de personas viven aquí en chabolas. A pesar del desarrollo económico de la región, los empresarios, que en su mayoría apoyan con donaciones a los islamistas, siguen pagando sueldos muy bajos a sus empleados. Mientras tanto, el AKP reparte alimentos a las familias pobres para que puedan subsistir. En lugar de avanzar hacia un Estado social, están aprovechando los fuertes lazos establecidos desde hace siglos por las sectas para instaurar un sistema paternalista", critica Bastoklu.

"Pero los 80.000 estudiantes de la Universidad van a cambiar Konya", destaca el líder local del CHP. "Vienen de todas las regiones de Turquía e imponen el mismo estilo de vida de los jóvenes laicos de Estambul, Ankara o Esmirna. Su actitud abierta acabará por influir en el resto de la población. Son nuestra única esperanza de modernidad".


Fuente: El País


2007-05


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