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El Viernes se decide si procede juicio penal contra Lydia Cacho

¿Necesita trato de criminal? Aquí... Desde Cancún

Por Yvette Hesse Espinosa

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Apenas este fin de semana, el presidente Vicente Fox reconoció que su gobierno no ha avanzado mucho que digamos sino es que nada en la solución del problema migratorio con Estados Unidos.

Cómo estar satisfechos si el Congreso de la Unión del vecino país está oficialmente endureciendo el trato hacia los indocumentados a través de una iniciativa de ley llamada HR 4437 cuya esencia es tratar como criminales a quienes, ante la falta de expectativas laborales en México, deciden arriesgarse a vivir de lo que sea, de lo que se pueda, en la nación del nada dulce sueño americano, pero, el Ejecutivo federal, como máxima autoridad del país, tampoco debería estar satisfecho de que, las procuradurías de justicia federales y estatales, continúen realizando prácticas deleznables como esa ya vieja y común estrategia intimidatoria conocida entre la jerga judicial como el "sabadazo". Para nadie es un secreto que la acción se utiliza cotidianamente entre abogados nada probos como una sutil medida de intimidación donde, por principio alguien interpone una denuncia ante el Ministerio Público, el presunto culpable no recibe ni el primer ni el segundo citatorio para acudir a emitir pruebas para su defensa y, entonces, como si se tratara del más feroz delincuente, un juez emite orden de aprehensión y así, el denunciado, sin siquiera tener idea de que está corriendo un proceso judicial en su contra, de repente se encuentra entre un grupo de judiciales con la instrucción de detenerlo para trasladarlo a declarar inmediatamente.

Mexicanos: culpables hasta que se demustre lo contrario

Si tiene muy buena suerte, llega rápido a la Procuraduría, aunque en el trayecto puede suceder de todo, desde tortura psicológica hasta física, de ahí la efectividad que buscan ciertos malandrines. A estas alturas, el denunciado generalmente no tiene ni la menor idea de qué está sucediendo, quién lo demandó, por qué asunto o si es un secuestro, en fin, en el transcurso de esas eternas horas, la vulnerabilidad de su persona está en su máximo nivel. Todo esto sucede por lo general, antes que pueda hacer llamadas y comunicarle a alguien el hecho, lo que provoca aún más el sentimiento de fragilidad, el pensar que si desaparece, ni quien lo sepa; por si fuera poco, "casualmente" la detención se realiza entre viernes o sábado a fin de que no haya prácticamente nada de tiempo para el pago de fianza y así, el demandado se la pasa todo el fin de semana en la cárcel y de paso, como no queriendo la cosa, si se trata de un conocido personaje, pase desapercibida la noticia en los medios de comunicación. Dos pájaros de un tiro. ¿Cuál es la finalidad de este tan sucio como multiutilizado proceso? Que el denunciado, sea culpable o no, se sienta amedrentado, intimidado, que si sentía muy valiente, perciba cuan vulnerable es.

Amdedrentar a la prensa con "sabadazos"

Sin mediar citatorios de por medio, sin que se le compruebe culpabilidad alguna, sin oportunidad de contestar en su defensa, al filo del medio día, el viernes pasado, aquí en Cancún, un grupo de judiciales mostró una orden de aprehensión a la periodista Lydia Cacho Ribeiro y sin más, la subió a un auto para trasladarla de esta ciudad a Puebla, unos mil kilómetros. No importó que su estado de salud fuese delicado debido a una reciente cirugía, ni que el viaje tardara unas 30 horas, ni que, ante amenazas de muerte tenía asignados dos elementos de la AFI para su custodia, se la llevaron, así solita, pues por allá un industrial textilero que parece tener muchas, pero muchas influencias en Puebla, interpuso una denuncia por difamación. El asunto no es poca cosa. La discusión puede ser polémica pero, cabe la reflexión ¿será por ejemplo equiparable el grado de peligrosidad para la sociedad un periodista y un secuestrador o pederasta? Me parece que no. Si el periodista efectivamente no sustentó cierta afirmación y se le comprueba, debe ser reprendido, ni duda cabe, puede ser a través de una multa o alguna otra sanción administrativa, pero ¿encarcelarlo?

Delito de difamación ¿igual que un secuestro?

Lydia Cacho -directora del Centro Integral de Atención a la Mujer en Cancún (CIAM) -es autora del libro "Los demonios del edén" donde hace un análisis detallado de la prostitución infantil en este polo turístico, da nombres y apellidos, fechas y circunstancias específicas. El tema por supuesto ha pisado muchos callos pues las presuntas víctimas involucran a personajes poderosos tanto en el ámbito político como en el económico. Uno de los mencionados en la publicación es precisamente quien la acusa de difamación y calumnia; lo curioso es que, además de la ausencia de citatorios, el asunto se ventile en tribunales del estado de Puebla cuando los hechos abordados sucedieron en Quintana Roo. Mientras se demuestra si la escritora es culpable o no, de todas formas tendrá que ir a firmar cada semana al reclusorio y tuvo ya que pagar una fianza de 100 mil pesos para defenderse en libertad, y... ¿si es inocente? ¿Quién le repone su salud por el irresponsable viaje en carretera? Ya de antemano se le dio trato de criminal. Nadie puede estar orgulloso de que los Estados Unidos construyan una barda y traten a los indocumentados como criminales pero tampoco nadie puede sentirse satisfecho cuando el sistema judicial continúa siendo utilizado para amedrentar; para intimidar y para vulnerar la tranquilidad no solo de una periodista, sino a cualquier ciudadano.

CORREO: yvette_hesse@yahoo.com.mx



2005-12


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