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Leo en La Vanguardia el artículo de Xavi Ayén “Las redes sociales, ese nuevo Far West” que recoge íntegro El Urbano.

Me interesan especialmente las reflexiones de Manuel Arias Maldonado:

“Hemos pasado de la comunicación de masas vertical –los periódicos, la radio y la televisión– a lo que Manuel Castells llama la ‘autocomunicación de masas’, horizontal, donde cualquiera emite un mensaje”, una “modificación sustancial del espacio público”. “Somos seres profundamente tribales –advierte–, el gregarismo tiene profundas raíces psicobiológicas, y resulta fácil activar esta predisposición”. Un efecto de la sobreabundancia de opiniones es que “cobran protagonismo las que más llaman la atención, con lo que la red es el imperio del exaltado, no del moderado”. La “ausencia de filtros y jerarquías” legitima “formas de debate que antes estaban excluidas por descorteses”. El anonimato, por supuesto, “favorece el insulto”.

Coincido con la reflexión. Apasionante Twitter pero con distancia, Facebook endogámico pero imprescindible en estos momentos para seguir leyendo a las amigas feministas, sobresaturada de Whats App y Telegram. No se si será coyuntural.