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"Íbamos a ser reinas" Mentiras y complicidades que sustentan la violencia contra las mujeres Autora: Nuria Varela Colección Crónica Actual (Ediciones B) |
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Desde hace tiempo algunas periodistas estamos en la reflexión del papel que desde la comunicación podemos y debemos jugar como "mediadoras" para ayudar a difundir de la manera más amplia posible en la sociedad los análisis, los mensajes y las luchas del movimiento feminista, que por lo demás han sido claves para lograr el poco o mucho avance de las mujeres a lo largo de la historia. Nuria Varela, compañera además de Mujeres en Red, forma parte de ese grupo de periodistas comprometidas en ello y desde este espacio agradecemos la contribución que realiza en este libro.
"Íbamos a ser reinas", prologado por Marcela Serrano, resulta especialmente interesante por combinar una forma y estilo divulgativo con una perspectiva feminista esencial. Toca los diversos aspectos sin concesiones... el patriarcado, la complicidad de la iglesia, los medios de comunicación, la publicidad y el lenguaje, los diferentes aspectos del maltrato: psicológico, judicial, económico y social, la construcción de la masculinidad... es un libro muy fácil de leer y al mismo tiempo es un libro comprometido sumándose a las voces que reivindican que el fenómeno de la violencia de género sea considerada "una cuestión de estado" .
Recoje y reconoce, aunque
logicamente no puede profundizar en ellas las aportaciones hechas desde
los diferentes campos para clarificar la información sobre los procesos
de las mujeres que sufren violencia de género. Desde el reconomiento
al papel del movimiento feminista y los origenes de la lucha -en ellos
se sitúa sin duda a Victoria Sau, Ana María Pérez
del Campo o Leonor Walker- hasta las aportaciones de quienes en los últimos
años han trabajado y sumado nuevas perspectivas al problema (Jorge
Corsi, Sanmartín, Gill Davies, Andrés Montero, Pilar Jimenez,
Angeles Alvarez, Marie-France Hirigoyen, Luís Bonino, etc.) Las
voces de las protagonistas, mujeres maltratadas, son el hilo conductor
de cada capítulo.
Montserrat Boix
Coordinadora de Mujeres
en Red.
Prólogo - Aves de Rapiña
- Por Marcela Serrano
Presentación de la
autora
Texto de contraportada
La autora
PRÓLOGO
AVES DE RAPIÑA
Marcela Lagarde
"Esto no es una lamentación,
es el grito de una ave de rapiña"
CLARICE LISPECTOR
Finalizo la lectura de Íbamos a ser reinas de Nuria Varela, un libro como los hay pocos, una investigación seria, rigurosa y documentada sobre la violencia de género que no sólo denuncia lo existente sino que se aventura en indagar sus causas, haciendo un aporte sustancial a una temática incómoda y sistemáticamente eludida. No es frecuente, dada la enorme actividad que manifiesta el mundo editorial, calificar una publicación como urgente y como necesaria, pareciera que en la maraña de las numerosas páginas impresas, bien podríamos vivir sin tantas de ellas.
Sin embargo, en este caso
vale la pena detenerse. Vale la pena escuchar. Muchas voces vendrán
a inundarnos, testimonios dramáticos sin edad ni clase ni raza,
que se unifican entre ellos por una sola razón: por provenir de
los labios de una mujer. Pero no son historias de vida plasmadas al azar;
la habilidad de la autora consiste en tomarlas y desmenuzarlas de tal modo
que el proceso va entregando elementos valiosísimos para comprender
este fenómeno: nos remite a su origen -eterno, por cierto- y luego
nos trae
al presente, exhibiendo
las trampas en que se envuelve la generación de esta violencia específica
-en palabras de Nuria Varela: sus mentiras y complicidades- y a partir
de ello, trazar un virtual itinerario que permite imaginar y soñar
con su fin. Una utopía válida. Por ello, afirmo sin pudores:
si, es está una publicación urgente y necesaria.
Finalizo la lectura y permanezco
inmóvil, en silencia, arrinconada en una esquina de la habitación,
como si cualquier movimiento,
el más mínimo
pudiese traerme el dolor de las otras, no sólo a mis ojos, también
a mi cuerpo, ese cuerpo en donde se materializa la desigualdad milenaria,
allí donde han asestado la injusticia por un solo motivo: por ser
el cuerpo de una mujer. En este instante, yo soy la castigada, la invisible,
soy la maltratada. ¿Quién ha cavado estos agujeros? ¿Quién
ha roto mi mirada? ¿Quién ha desoído mi respiración
de espanto? ¿Quién ha cortado, golpe a golpe, los pedazos
que me arman? Me repliego, muda, las palabras
vuelan lejos, no las sujeto
como si me esquivasen desde el principio de los siglos, palabras vacías
que se deletrean sonido a sonido perdiendo su significado. Como toda criatura
marginada, expoliada, espiada y exiliada, me quedo sin lenguaje.
Entonces recuerdo que existe
el grito. Que puedo gritar. O lamentarme, que en eso nos hemos pasado la
vida, de pura niebla que
convertiría el firmamento
si juntásemos los lamentos dispersos de cada una, opacaríamos
al sol para siempre y nos gusta tanto el sol. Tampoco silenciarme, de ellos
ya tenemos bastante, sílabas opacas cayendo a un vacío que
no controla mi boca. Ni llorar. La hora del llanto ya se heló, copó
todas las vasijas. Rebasó la peor de las lluvias precipitadas. ¡Ni
una lágrima más! Es la hora del alba, aquella que escucha
a las aves de rapiña, también la del atardecer y la del mediodía
porque estas aves se las arreglan
para ser siempre escuchadas.
Buitre o águila, aves carnívoras de sangre caliente, pico
robusto y garras fuertes, aves cuyo bello plumaje desafía a otras,
aquellas de color pardo, verdoso y amarillento, que anidan en la tierra
y se dejan coger con facilidad. Es que sus gritos contagian, toda ave que
las escuche anhelará vociferar junto a ellas, ni la más desértica
se mantendrá indiferente, se levantarán, dejarán sus
nidos, olvidarán la oscuridad -ese oscuro rotundo que les impide
recordar las formas y los colores- la intemperie no las acobardará
por unos momentos no les temerán al desamparo, y el aire impenetrable
se volverá transparente. Entonces, emprenderán el vuelo.
Un caos el cielo con tanto grito. Un jolgorio.
Será el comienzo del
deseo.
Le robaremos el verso a
Neruda y gritaremos con una sola voz: sube a nacer conmigo, hermana. Porque
siempre, siempre se puede volver a nacer.
Marcela Lagarde
Diciembre 2001.
El libro
NOTA DE LA AUTORA
Quien bien te quiere te hará
llorar y otras grandes mentiras de la historia.
Estaba delante de mi, las
muletas apoyadas en el sillón, una muñeca vendada y las lágrimas
paseándose por sus mejillas sin que ella les hiciera caso, como
si fuese algo natura, como pestañear. Apenas me miraba a los ojos
mientras desmenuzaba recuerdos. De pronto susurró: "estoy enamorada,
le quiero". Han pasado diez años, no recuerdo su nombre, pero no
he podido olvidar su cara. Era una mujer muy menuda, bajita, morena de
piel y cabello. Apenas se movía, y sin embargo, permanecer un rato
a su lado
hacía que te sintieras
nerviosa. Sus ojos estaban hundidos, remarcados por un contorno azulado.
Tristeza en estado puro.
Hacía poco más de un mes que aquella mujer sin aliento de vida había llegado al centro de acogida para mujeres maltratadas de la Federación de Asociaciones de Mujeres Divorciadas y Separadas. Su presidenta, Ana María Pérez del Campo, me había dicho: "los maridos españoles matan más que ETA". Yo me enfrentaba a mi primer reportaje sobre violencia doméstica. Era un tema que me preocupaba y no acababa de entender. Veía cómo morían mujeres ante la impasibilidad de todo el mundo. Apenas se reseñaban en la prensa, como mucho en las páginas de sucesos. No había estudios, no había datos, no había explicaciones. parecían muertes normales.
Comprobé la frase
de Ana María. Era verdad. En España morían, mueren,
decenas dedujeres a manos de sus maridos, compañeros, novios o amantes
sin que se considere un problema de Estado. Comencé a trabajar el
reportaje y cada día era peor. Cuando salí por primera vez
del centro de acogida llevaba el estómago revuelto. Tantas veces
crucé la puerta de aquella casa, cuantas más dudas tenía.
Aquella mujer, aún coja por la última paliza de su marido
y que se movía por el centro apoyándose en sus muletas, con
temor, sin asomarse siquiera a la puerta, con ojos huidizos, marcada en
todo el cuerpo, ¿cómo me podía decir
que estaba enamorada?
Cuando terminé el
reportaje sólo una idea me daba vueltas en la cabeza: nos habían
engañado. La Historia, la que se escribe con mayúsculas y
también la que se escribe con minúsculas, se había
tejido para robarnos la dignidad. El ideal de amor romántico y la
institución familiar loada por la Iglesia católica y el Estado
nos estaban matando. Han sido siglos de organización del mundo basándose
en una pareja formada por un hombre que trabaja, gana dinero, disfruta
del ocio y tiene vida pública junto a una
mujer que trabaja en la
casa familiar, no es propietaria de bienes, dedica su vida al cuidado de
su marido y sus hijos, no tiene apenas ocio y no participa en la vida pública.
Tantos siglos encerradas, despreciadas, minusvaloradas son como un ancla
que nos impide vivir en libertad aún cuando las mujeres participemos
desde hace décadas en el trabajo retribuido, no tengamos hijos,
disfrutemos del ocio y comencemos abrirnos espacios en la vida pública.
La autoridad masculina y el reparto del poder están enraizados y
apenas son cuestionados. La incorporación de las mujeres a los puestos
de responsabilidad se está realizando con las mismas reglas del
juego. Las estructuras permanecen inalterables.
Miles, millones de mujeres
tenían, tienen, destruida su autoestima por parejas que les recuerdan
todos los días cuál es su sitio:
"tu que sabrás".
Millones de mujeres tenemos maltrecha la autoestima como colectivo, por
una sociedad que cuestiona lo incuestionable: los derechos humanos de todos
los seres humanos, hombres y mujeres.
Este libro nace de aquella
mirada de tristeza, del trabajo de diez años buscando respuestas
a aquel "estoy enamorada". El resultado es el testimonio de las mujeres
silenciadas, maltratadas por sus parejas y por una sociedad que ni siquiera
escucha sus opiniones y análisis. Junto a sus palabras, algunas
reflexiones que quisiera ayudaran a desmontar las mentiras, a desenmascarar
a los cómplices que sustentan la violencia contra las mujeres. En
las últimas páginas aparece una recopilación de recursos
que
pueden paliar las situaciones
más dramáticas. A lo largo del libro en cada frase, quiero
depositar todo mi cariño hacia esas mujeres a las que sin ninguna
razón les están robando, les han robado la vida, estén
vivas o enterradas, y todo mi desprecio hacia quines se consideran propietarios
de la dignidad de otros seres humanos.
Nuria Varela
Íbamos a ser reinas
propone un recorrido por todos los recovecos del alma y de la razón
para desentrañar por que se tortura a las mujeres en sus propias
casas; cómo lo soportan ellas; qué mecanismos sociales, educativos,
legales y religiosos actúan como cómplices eficaces para
que la sociedad no se decida a terminar con una ideología que cada
año asesina a decenas de
mujeres en España,
a miles de mujeres en todo el mundo. La violencia contra las mujeres es
una pandemia que llega al siglo XXI con la misma fuerza con la que ha recorrido
toda la historia de la humanidad.
Este libro está tejido
sobre las conversaciones mantenidas con mujeres que vivían en casas
de acogida, en pisos tutelados o que ya estaban intentando rehacer sus
vidas tras haber pasado unos meses en ellos. Íbamos a ser reinas
presenta a mujeres muy valientes que han decidido romper el silencio y
la indefensión que han rodeado sus vidas y certificar que los agresores
no son
locos ni enfermos y que
ni la edad ni la pobreza ni el alcohol son motivos de los malos tratos
y las agresiones ni los justifican. El único factor de riesgo es
ser mujer.
"Por el derecho a una vida
digna de todas las mujeres, es necesario romper con las mentiras y complicidades
que sustentan la violencia de género. Ni reinas de la casa, ni reinas
del hogar, ni reinas de corazones ajenos. No es posible calificar un Estado
como democrático si buena parte de sus ciudadanas no tiene libertad,
no están protegidas eficazmente por las fuerzas de seguridad y no
tienen defensa jurídica garantizada".
Nuria Varela
Nuria Varela es licenciada
en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de
Madrid. Ha trabajado como redactora en el semanario Panorama, para el que
ha cubierto la guerra de Bosnia, el sitio de Sarajevo, los campos de refugiados
en Croacia y el golpe de Estado en Rusia. Desde 1993 trabaja en Interviú
donde ha realizado reportajes sobre la matanza de Acteal en Chiapas (México),
la vida en los campamentos de refugiados saharauis y la situación
de Afganistán y de los campos de refugiados afganos en Pakistán
tras la llegada de los talibanes. Asimismo, ha publicado gran cantidad
de reportajes sobre mujeres y coopera con distintos grupos y plataformas
de mujeres contra la violencia de género.